Sentados frente al parque de atracciones y sin querer entrar cuatro muchachos de catorce años no quieren ir a dentro con la excursión de los curas y se quedan fumando, yo soy el más delgado de ellos, el que tiene el pelo pelirrojo, veinticinco años más tarde me dedicaría a vender maquinaria de hostelería de segunda mano
Primero fue mi vida en provincias, delgado y casi alto con el pelo pelirrojo y abdominales marcados siempre por el raquix escaso, vestía con polos color verde menta de Lacoste siempre o con polos blancos de Beneton, los Levis siempre azules o negros y rara vez blancos, ni siquiera en verano, las zapatillas Nike "air" POR SUPUESTO
Y luego fui un treintón que se estaba quedando calvo con barba de tres días en la capital, con ropa de Parachute y Casual y cazadoras de cuero, botas Camper o Converse y pantalones grises Dockers...Llevaba siempre un reloj Swach deportivo, con la correa naranja o amarillo naranja...
Hasta entonces la vida había transcurrido igual, en provincias en el bar de Tita Wanna y la Perindola y en Madrid en el Pachá Madrid y en los bajos...¡Luego viví unos años en Chamberí!
Y un día el dinero se acabó.
Aquel joven que he sido del niki Lacoste verde recuerda los buenos tiempos, cuando existía la peseta y había circulando mucho dinero en España e igualdad de oportunidades aunque no de clases, que eso ha sido siempre más difícil. Aquel joven del niki Lacoste verde recuerda sus largos paseos entre los tilos y las moreras, del brazo de amigos nonstálgicos y bohemios entre risas varias y francachelas, alguna que otra fiesta memorable y los rubores del romanticismo, toda una juventud digna de ser vivida desde las primeras experiencias hasta las más nefastas, la etapa de las drogas y la otra de ser un poco oscuro y atravesado e incluso retorcido, momentos todos ellos que no son íntimos ya pues mi historia es la misma para todos, unos años muy buenos en España, capital, y luego la gente, todos, busca´ndonos la vida, cómo podíamos...pero aquellos años, entre chicas con el pelo teñido de rubio y camisas vaqueras y todos aquellos cachis o minis de cerveza en aquel anto abajo de las escaleras donde ponían música de los Ronaldos y hablábamos en alto para hacernos notar, y así poco a poco irse sacando el bachillerato, algunos años de la facultad...¡Y luego llegó la vida real!
Y sobre todo la belleza era recorrer las calles, solo y triste con una soledad y una tristeza que eran una impostura, y ver a la gente desconocida beber también y ser feliz entre los recovecos de las calles y los bares y las estaciones de trenes, tener un halo rotundo y fiero que no se consumía y un brillo metálico en la mirada antes incluso del uso del hachís.
Y luego todo fue, fueron pasando las cosas, la vida y la realidad se iba imponiendo y uno quería resistirse a ello pero no podía ser y no era el fin de la juventud, sólo era el fin de la década de los veinte.
Y entrar en la treintena y ya no ser tan guapo pero ser mucho más sabio, el consejero de todos y el confesor de todas y esta vez en Madrid, conocer a gente muy rica, visitar oh Pacha y La Casa y demás sitios de la élite, siendo brillante y cautivador y un buen conversador, así hasta descubrir el amor verdadero y luego entrar en un círculo brillante de sensaciones que llevaron a la mente a la locura por saber y entender y ver mucho más allá...(sin quererlo)
Y los veranos en Marbella...
Y luego el dinero se acabo...
Empecé a trabajar de telefonista, de comercial, de tarotista, de hacedor de encuestas, mientras colaboraba en revistas literarias o de turismo sin cobrar nada, luego publiqué un par de libros pero eran muy malos, aunque el de poesía no tanto.
Y empecé a hacerme viejo ( y no había cumplido los 40)
Con pantalones Lois Navajo y camisetas del mercadillo regreso a provincias, ya había cerrado Tita Wanna y la Perindola, salgo por los bares de vino y ya no tomo copas para ahorrar...Nueva vida cómo encuestador que no fructifica, vendedor de ADSL, tarotista (mayor éxito) y empiezo a interesarme por los excedentes de las maquinarias que quedan de la construcción, intento ser intermediario para venderlas recurriendo a mis contactos...De la maquinaria de construcción paso a la maquinaria de hostelería de segunda mano, todo con un crédito del ICO de veinticinco mil euros ( que tengo que devolver)
Y hasta la fecha.
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